#4: María Antonieta
Aunque María Antonieta amaba profundamente a sus hijos, su afición al juego y la creciente agitación política en Francia los pusieron en peligro desde muy temprano. Crió a su hija, María Teresa de Francia, y a su hijo, Luis XVII, dentro de la estricta etiqueta de Versalles, donde la vida diaria giraba alrededor de ceremonias y protocolos más que de una preparación para afrontar crisis reales. Cuando estalló la Revolución Francesa en 1789, la familia real fue obligada a abandonar Versalles y trasladarse a París. En 1793, ambos padres fueron ejecutados mientras sus hijos eran encarcelados. La combinación de una educación excesivamente protegida y el caos político los dejó completamente desprevenidos para las duras pruebas que vendrían después.

